Carlos Fuentes camina con frecuencia por los senderos del panteón Old Brompton, maravillado con algunos de los epitafios que los ingleses, con su peculiar humor, suelen poner sobre sus tumbas.

Como en la de Lady Wellington: “Pasó de la ilusión a la realidad”.

En esta entrevista el escritor comparte su pasión por la cultura británica, en especial la literatura, “tan crítica de lo que la sociedad inglesa tiene de convencional e hipócrita”.

¿Por qué decidió fijar residencia y ser escritor en Londres?

Carlos Fuentes
Carlos Fuentes

Estoy ahí desde hace 12 años, cuando llegué a filmar el documental “El espejo enterrado”. Londres era la sede de la produción y tenía que estar cerca de la compañía para todos los trabajos de redacción de los textos, de revisión y todo lo que tuvo que ver con el montaje y la producción. Eso fue lo que me llevó ahí. Es una ciudad que me encanta, me siento muy a gusto, trabajo muy bien en Londres, y así me fui quedando. .

¿Qué es lo que esta ciudad ha aportado a su obra?

Tiempo y tranquilidad, fíjese nada más, lo que más ansía un escritor. En Londres me levanto a las 6 de la mañana, escribo de 7 a 12, me echo una larga caminata por el cementerio de Old Brompton, donde me divierto mucho leyendo las inscripciones de las tumbas. La más divertida que he encontrado es una que dice: “Aquí yace Lady Wellington. Pasó de la ilusión a la realidad”, lo cual da cierta idea del humor inglés. También veo las cruces blancas. Más de un centenar de jóvenes muertos en la Primera Guerra Mundial. Ninguno tiene más de 30 años, ése es un recordatorio del mundo en el que vivimos. Y luego tengo tres horas para leer en la tarde, y una gran ciudad con dos teatros de ópera, el mejor teatro del mundo, una oferta musical maravillosa, buen cine, en fin, que Londres tiene muchas ventajas, y pocos amigos, nadie que lo moleste a uno.

¿Existen fuentes en la literatura inglesa de las que usted beba para inspirar su obra?

Muchísimas. Todo escritor se inspira de todo lo que ha leído. Pero yo he sido particularmente adicto a la literatura inglesa, primero porque aprendí el inglés desde niño, lo podía leer, y segundo porque creo que, con la excepción de Francia, no hay otra literatura occidental con la riqueza y continuidad de la literatura inglesa. Desde Chaucer hasta Harold Pinter y Martin Amis nunca se rompe la continuidad y la calidad de la literatura, sea en el teatro, la poesía, en la novela o en el ensayo. Estuve muy influido por esta literatura, tanto la clásica -el teatro inglés-, como por los novelistas, empezando por Laurence Sterne y su Tristram Shandy, que ha sido una obra definitiva para mí. Mi enorme amor por Dickens: no hay ocasión que me reúna con Alvaro Mutis que no nos dediquemos a hablar de Dickens, es el único tema que tenemos.

¿Está leyendo ahora mismo alguna obra británica?

Todos los años leo una obra de Thomas Hardy, novelista que me entusiasma mucho, pero por desgracia ya se me están acabando las obras. Ojalá resucitara Hardy y me escribiera un par de novelas a mí.

¿Cuál es su experiencia en las universidades de este país?

El año que estuve en la Universidad de Cambridge, con la cátedra Simón Bolívar, fue utópico en mi vida, por muchas razones. En esta cátedra le dan a uno escoger qué quiere usted hacer, escribir un libro, estudiar, conocer mejor Inglaterra o dar un curso. Yo opté por dar una conferencia a la semana, de 5 a 6, en uno de los auditorios. Tuve un gran público. Insistí que no fuera sólo para estudiantes, sino para el público en general, y di un curso sobre la cultura latinoamericana, que se llenó, estuve muy satisfecho y tuve entonces la oportunidad de entrar en contacto con los estudiantes de Cambridge que son los mejores estudiantes que yo he conocido en ninguna parte. Son estudiantes de primerísimo orden, de manera que da un gusto estar ahí, además por la belleza física del lugar, que es extraordinaria.

Uno ve el grueso de los periódicos en Gran Bretaña, y América Latina, ya no digamos, México, prácticamente no existe. Pareciera que los británicos son impermeables a lo latino, a lo mexicano…

Óigame, son impermeables incluso a lo Europeo! Cuando uno dice ahí “voy a Paris”, ellos dicen “Ah, va usted al Continente”. Es un país muy insular, es cierto. Pero la enorme calidad de la literatura británica se debe en cierto modo a esa insularidad porque es una protesta contra la insularidad. Los escritores ingleses aspiran a la universalidad y lo logran, quizá a partir de su insularidad. Debe haber una cultura común de las islas, se parecen en eso un poco a Cuba y a Japón. Además es una literatura muy crítica de la sociedad inglesa. Todo lo que la sociedad inglesa pueda tener de convencional y de hipócrita, motiva mucho a los escritores ingleses para denunciar eso y para escribir novelas a contrapelo de los valores convencionales de la sociedad inglesa y por eso es tan buena la literatura, es una de las mejores del mundo.

Cuando habla usted de esta insularidad, de pronto parecería imposible todo esfuerzo para un mayor intercambio y conocimiento, por ejemplo, de la cultura mexicana.

No, yo creo que, en primer lugar, hay que tomar en cuenta que muchos de los grandes libros sobre México los han escrito ingleses. A partir de aquel viajero del Siglo 17, Thomas Gage; la señora Calderón de la Barca, que era británica, y luego, en el Siglo 20, D.H. Lawrence, Malcolm Lowry, Graham Greene, varios de los mejores escritores ingleses escribiendo las mejores novelas mexicanas. Porque considero que “Debajo del Volcán” es una novela mexicana, así como el Poder y la Gloria. De manera que no siento que haya esa falta de atención, al contrario, ¿qué otro país del mundo tiene tan grandes escritores que hayan escrito sobre México al grado de convertir sus obras en obras mexicanas?

Un símbolo importante en Londres fue la exhibición “Aztecs”. El dios Mictlantecutli y el Caballero Aguila a una cuadra de Piccadilly…

Hay que ir al British Museum para ver que Inglaterra tiene una larga tradición de conocimiento de las culturas antiguas. Está lleno de joyas extraordinarias de Mesopotamia, Egipto, Asia Menor, África. Lo que es una novedad con “Aztecs” es que hayan viajado por primera vez estas grandes obras a Londres. Muchas de ellas llegaron de Viena y de Francia. Es una cosa normal en Inglaterra, pues con el British Museum se tiene un contacto con las culturas antiguas a fuerza.

Pero esta exhibición, en particular, parece extraordinaria.

Si, estuve en la inauguración y me parece una maravilla. Hay piezas que, por supuesto, no pueden viajar. El Calendario Azteca, no puede, la Coatlicue, no puede viajar porque además se derrumbaría el país. Si se va la Coatlicue, imagínese, no habría a quién encomendarse. Siempre que García Marquez dice “no entiendo lo que pasa en México”, va al Museo de Antropología, se para dos minutos ante la Coatlicue, y dice: “ya entendí”. La de “Aztecs” es una muestra extraordinaria, lo que se ha logrado reunir realmente es excepcional, y yo creo que ha impresionado mucho en Inglaterra, porque no eran piezas conocidas, aunque ellos tienen algunas piezas muy bonitas, como el cráneo de cristal en el British Museum.

¿Qué significa para usted este despliegue de piezas de una cultura ancestral en el corazón de una metrópoli moderna?

Las culturas siempre son modernas. Se nos olvida una cosa, ya que hablamos de México y la Gran Bretaña: Henry Moore, el más grande escultor inglés del Siglo 20, se inspira en la escultura Maya. Las figuras reclinadas de Moore vienen directamente de los Chac-Mol, de Chichén Itzá, y él siempre lo dijo. De manera que ahí hay un reflejo inmediato de la influencia de una cultura sobre otra. Lo que quiero decir es que no hay cultura antigua, ésa es una manera impropia de llamar a una cultura, porque toda cultura es presente. Toda cultura es contemporánea. Eso es lo que tenemos que entender y aprender bien. No podemos ver a las culturas como antiguallas, las culturas nos hablan del presente porque nos obligan a recordar y no hay otro pasado que el que recordamos en el presente. De tal suerte que las culturas son el gran acicate para darnos cuenta de que la historia nos pertenece, somos dueños de la historia, no de la que a veces nos quieren imponer, sino de la historia que es realmente nuestra, porque la hicimos y porque la recordamos.

En ese sentido, ¿los dioses de la vida y de la muerte tienen algo que decir a los ingleses de hoy?

Yo creo que sí, porque en general en el mundo anglosajón, no sólo Inglaterra, sino también Estados Unidos, tienden a esconder la muerte debajo del tapete y usan eufemismos extraños como “he passed away”, para no decir “se murió”. Recuerdo siempre el titular de un periódico mexicano cuando murió Stalin, era una sola palabra: “Ya”. La diferencia, claro, es que México tiene el privilegio de ver a la muerte como parte de la vida. Para nosotros no hay vida y muerte, hay vida, incluyendo la muerte que es la parte esencial de la vida. No la ocultamos, la tenemos presente. Llama mucho la atención, pero así es, creo que es una de las grandes virtudes de México, y eso sí desconcierta mucho a los ingleses, para que vea.

¿Cuáles son los desafíos que enfrenta los Institutos de México de difusión cultural en los países europeos?

Simplemente instalarse bien y comenzar una labor de la cultura mexicana en el exterior, a la vez que de recepción de las culturas de los países donde están esos institutos. Una cosa que no quiero pasar por alto es el éxito de la película “Y Tu Mamá También” en las carteleras de Londres. De repente un cine que era mediocre, chabacano, vulgar, lo que eran los churros mexicanos, se convierte en un cine de importancia universal, entendido y aceptado incluso por públicos tan lejanos como el de Inglaterra. Creo que el éxito sucesivo de “Amores Perros”, “Y Tu Mamá También” y “El Crimen del Padre Amaro” prueban una extraordinaria capacidad de la actualidad mexicana para proyectarse como actualidad internacional. Esto lo previó Buñuel. Una obra como “Los Olvidados” es ya un pronóstico de lo que iba a ser la vida contemporánea en las grandes urbes, una vida de crimen, de desastre, de drogadicción. Es casi un arco que va de “Los Olvidados” a la brasileña “Ciudad de Dios”, en el que los latinoamericanos o los iberoamericanos le presentamos al mundo moderno su fase actual, y creo que es lo que logran estos cineastas mexicanos: decirles a los ingleses “miren, así somos todos, somos parte de la humanidad”.

¿Qué es lo que aporta México, en términos culturales, con su mayor apertura a Europa?

Los mexicanos somos indoeuropeos. Siempre cito al novelista mexicano Ignacio Solares, hay una novela en la que un personaje dice: “Yo soy puro mexicano. No tengo nada ni de indio ni de español”. Creo que la gran aportación de México es haber asimilado perfectamente su herencia indígena y su herencia europea. Somos parte del mundo europeo, tanto como somos parte del mundo indígena americano. Ya en el Siglo 18, los europeos se quejaban de que Sor Juana Inés de la Cruz sabía más que ellos, porque los intelectuales latinoamericanos tienen que conocer la cultura propia y la cultura europea, y los europeos se conforman con conocer la cultura europea. Siempre les llevamos esa ventaja.