“¿Si después de una diligente búsqueda, no se encuentran armas reales, reconoce usted que se socava el argumento completo para ir a la guerra, basado en armas de destrucción masiva?”.
Es la pregunta 160, el tema es Iraq y quien comparece ante el Comité de Enlace de la Cámara de los Comunes es el Primer Ministro Tony Blair, quien responde: “Yo no reconozco en absoluto que los informes de inteligencia en ese momento estuvieran equivocados, pero lo que voy a decirle….”.
- “Esa no fue la pregunta”, lo interrumpen.
El 8 de julio, el Premier asistía a un largo interrogatorio frente a los presidentes de los distintos comités del Parlamento británico.
“Estoy por responder a la pregunta”, retomó el Premier. “Debo de decirle que no tengo absolutamente ninguna duda de que encontraremos evidencia de los programas de armas de destrucción masiva”.
Durante el cuestionamiento, Blair se refirió 17 veces a “programas” y nunca a las “armas” de Saddam Hussein.
La prensa no dejó de subrayar, al otro día, su “habilidad de abogado”.
- “¿Y en el caso de que no aparezcan?”, insistía el interrogador en la sesión.
“Esperemos a ver qué pasa”, pidió Blair, “(…) dejemos que el Grupo de Sondeo en Iraq haga su trabajo. (…) Es el grupo encargado de ir y encontrar la evidencia de estos programas”.
La actitud de Blair es desafiante, pese a las encuestas que indican un grave quiebre de su popularidad. Sir George Young lo señalaba al Premier en términos directos:
“La próxima vez que seamos confrontados con decisiones dificiles acerca de ir o no a la guerra –y usted ha identificado a varios regímenes que causan preocupación- ¿no hay un riesgo real de que la gente pudiera no creerle?”.
“Yo simplemente le digo”, pretendía concluir Blair, “mi perspectiva es que estoy muy confiado de que ellos (el Grupo de Sondeo en Iraq) encontrarán la evidencia de que tales programas existían y que Saddam los estaba desarrollando, pero intentó ocultarlos”.
Sir George Young presionaba: ¿”Usted no está preparado para considerar que no van a encontrar (las armas)”?
En ese momento, inesperadamente, Blair cambió el tema y en un largo párrafo comenzó a desacreditar el reportaje de la BBC.
- “Esa no fue la pregunta que estamos planteando, podemos…”
- “Ustedes estaban planteando la cuestión de la credibilidad” -ahora era Blair el que interrumpía-, “y la cuestión de la credibilidad está obviamente gobernada por la seriedad de ese cargo (hecho por la BBC). Es un cargo extremadamente grave y espero que la gente acepte que la acusación está equivocada. Y también pienso que es importante decir esto: creo que los servicios de inteligencia británicos, por su dimensión, son los mejores del mundo”.
La pregunta original quedaba, otra vez, en el aire.
La sospecha de que el Premier mintió a la nación y al Parlamento levanta todos los interrogantes. Si no hay armas, entonces, ¿por qué Blair desplegó 46,000 tropas británicas en la región?
Hace casi tres meses que la guerra en Iraq fue declarada oficialmente concluida y aún no se ha encontrado una sola de las armas químicas y biológicas de Saddam Hussein. Mientras ese arsenal no aparece, las incesantes dudas sin real respuesta -de la Cámara de los Comunes, de los medios y de cada vez más ciudadanos en la calle- siguen socavando su liderazgo.
Semana tras semana, de manera ritual, el líder del Partido Conservador, Ian Duncan Smith, cierra cada intercambio parlamentario con Tony Blair con la misma acusación: “Ya nadie cree una sola palabra de lo que usted dice”.
¿Por qué Blair puso en riesgo hasta su puesto de Primer Ministro del Reino Unido?
Con la credibilidad en juego -la mejor carta para un lider habituado a persuadir-, los británicos han visto a la maquinaria gubernamental intentarlo todo: cambiar el lenguaje y hablar ya no de “las armas” sino de “los programas”, cambiar la causa de la guerra y hablar ya no de “las armas” sino de la “la tiranía” de Hussein y cambiar el foco de atención publica y en lugar de “las armas” hablar de la poca fiabilidad de una cadena informativa.
La semana pasada esta estrategia cobró una victima fatal. El doctor David Kelly aparentemente se quitó la vida porque ésta “se volvió intolerable con los eventos de las últimas semanas”, como formuló su familia.
Kelly había sido citado en mayo de forma anónima por la BBC para sustentar que lo que pasó en realidad es que el gobierno de Blair estaba tan necesitado por ir a la guerra con el voto parlamentario que tuvo que exagerar los expedientes de inteligencia para convencer y persuadir a la nación de que Saddam Hussein podría estar listo para atacar los intereses británicos en sólo 45 minutos.
El juez Lord Hutton, afamado por su trabajo en Irlanda del Norte y en el caso Pinochet, fue nombrado por Blair para aclarar “las circunstancias que rodearon la muerte del Dr. Kelly”, pero el Premier está interesado en que sólo sean “esas” las interrogantes que se atiendan.
El puntilloso ex Canciller Robin Cook advirtió que Hutton no podrá evitar deslindar su investigación judicial de las preguntas que saltan sobre el argumento gubernamental para atacar Iraq.
Entre los funcionarios más cercanos a Blair se empieza a admitir que quizá las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein no están más ahí. El mismo Canciller Jack Straw dijo el 14 de mayo en el programa Today de la BBC que “(su hallazgo) no es crucialmente importante”.
Entonces, ¿por qué la guerra?, es la pregunta.
¿Cuándo apareció en el dossier la afirmación que Iraq podría desplegar su arsenal en sólo 45 minutos?
Es 27 de junio del 2003, ante el Comité parlamentario de Asuntos Exteriores.
Ottaway: ¿(La afirmación de los 45 minutos) estaba en el primer borrador?
Straw: Lo que le estoy diciendo es…
Ottaway: Usted puede ser directo sólo respondiendo sí o no.
Straw: Apareció en el primer borrador luego de que se recibió la información de inteligencia.
Ottaway: No estaba en el primer borrador, estaba en un borrador subsecuente, por tanto fue añadida más tarde.
Straw: Esa es una manera absurda de describirlo, Mr Ottoway.
Ottaway: Parece bastante razonable, la gente de inteligencia básica puede entenderlo.
Straw: Nosotros no obtuvimos la inteligencia y no fue evaluada sino hasta principios de septiembre, palpablemente no pudo haber sido incluida en ningún borrador previo si no la conocíamos.
Ottaway: ¿No estaba en el primer borrador?
Straw: Ya he contestado esa pregunta, Mr Ottoway. Le he dado una respuesta perfectamente satisfactoria a su pregunta.
Ottaway: Lo repetiré, ¿estaba en el primer borrador?
Straw: Ya contesté, estaba en el primer borrador después de que la inteligencia fue recibida, por definición no pudo haber estado en ningún borrador previo.
Ottaway: ¿Estaba en uno de los siguientes borradores?
Straw: Ya le he dado una respuesta.