Cada noche, un puñado de los cientos de ejecutivos de traje y corbata que pueblan las calles del barrio financiero de Londres en lugar de irse a casa o sumarse a sus colegas en el pub, se dirigen, de uno en uno, a un pequeño gimnasio de la calle Tudor. Ahí, en pleno corazón de la City, bajando hacia el puente Blackfriars, se haya el centro de entrenamiento del Club de la Pelea.