La tenue pero persistente lluvia a mitad de la tarde oprimía aún más el ánimo de la capital británica, que amaneció con cuatro ataques terroristas al hilo.
En menos de 24 horas, los habitantes de Londres pasaron de la celebración por ganar una sede olímpica, al miedo y la ansiedad.

El ruido de las ambulancias no dejó de oírse durante todo el día, intermitente, en cada esquina. En la tele, la Policía recomendaba: no viajen, nadie se mueva, pero a a las nueve de la mañana, cuando estallaba el primer bombazo en el metro, ya más de medio Londres estaba afuera, en su lugar de trabajo, o poblando el sistema de transporte público.
La imagen de un autobús de doble piso, con el techo volado, trajo ecos del conflicto en Medio Oriente al corazón de una ciudad que ayer fue un caos.
Temprano en la calle, la gente se fue enterando. En la estación de tren de Bromley South, al éste, la Policía informó a los pasajeros que tenían órdenes de desalojar Londres, porque había habido varias explosiones.
“Mataron gente inocente, gente normal”, decía Hannean, musulmán de origen iraní, a inventario fuera de la estación Edgware Road, bloqueada por la Policía.
“La gente normal no es gobierno, sino que es gente como usted o como yo. Este ataque no tiene nada que ver con los musulmanes o con gente del Medio Oriente. Se trata de fanáticos islamistas, muy ajenos al verdadero Corán y al Islam auténtico. Esto no tiene nada que ver con el hermoso Corán”, dijo.
A trescientos metros de ahí se halla el Hospital St. Mary, donde fueron atendidas 38 personas, siete con heridas de extrema gravedad, 17 con heridas serias y otras 14 con contusiones leves.
Pedro Rodríguez, vocero de prensa del hospital, dijo que entre las víctimas más delicadas se hallaba gente que había perdido piernas o brazos.
A media tarde, la zona central estaba casi desierta y sólo quedaban en las estaciones de tren turistas desorientados con sus maletas.
En todo el centro, los teléfonos públicos no servían, las líneas se hallaban saturadas. Los celulares se interrumpían constantemente y muchos cajeros automáticos estaban cancelados.
Falsas alarmas de bomba incrementaron la tensión en Victoria Street, donde fueron evacuados varios edificios.
El West End, zona de los teatros y de los grandes cines, es siempre un bullicio intransitable, con el Soho y las discotecas saturadas, pero no al caer esta noche. La visión es la de un pueblo fantasma.
El autobús nocturno numero 14 cruza Shaftesbury Avenue, Picaddilly y parte de Hyde Park, vacío.
Publicado en Reforma, México