Los grandes desconocidos del público inglés
El director británico de teatro David Graham-Young está empeñado en adaptar y traer a esta isla obras de “desconocidos” como Ernesto Sábato, Manuel Puig, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes. En la escena cultural, Londres es capital mundial y posee figuras propias prominentes, desde Shakespeare hasta Harold Pinter, en donde introducir autores de habla no inglesa es un desafío que se antoja imposible.
De origen escocés, Graham-Young, fundador y director de la Contemporary Stage Company, ha asumido ese reto y estrenó este mes en un teatro marginal de la ciudad la adaptación de “El Tunel”, de Sábato.
El autor habló sobre sus motivos y su apuesta por la universalidad en el ambiente insular británico. Asegura que en Gran Bretaña no hay quien conozca, fuera de los círculos especializados, a las luminarias de la literatura latinoamericana.
“Es una lástima que en Gran Bretaña no nos aventuremos más. Alguien como Sábato, por ejemplo, tiene su propio nombre en la cultura hispana, es uno de los escritores más importantes y creo que es una pena que no sea conocido aquí. Su trabajo debería de ser mostrado en este país, porque es universal, no es una obra exclusiva de hispanohablantes”, señaló.
Graham Young estudió lenguas modernas antes de viajar a sudamérica, donde comenzó a interesarse por la cultura latina. Se topó con “El Tunel” en el programa de estudios del bachillerato británico en Español y con “El Coronel no tiene quien le escriba”, de Gabriel García Márquez. En 1993, fundó una pequeña compañía de teatro que se ha especializado en impulsar obras no inglesas en la escena británica.
“Hay muchos practicantes de teatro en este país”, comenta. “Hay mucha gente trabajando sobre Shakespeare, Harold Pinter, Oscar Wilde, ha habido una ola completa en teatros reputados, nacionales, hay cientos de compañías trabajando en esto, pero creo que no existe suficiente énfasis en el teatro extranjero”.
“Los personajes de ‘El Tunel’, Castel y María, podrían ser de cualquier cultura, es una situación, es un estudio psicológico que resulta relevante para cualquier país. Puede ser típicamente latino en cierta manera, quizá, pero fundamentalmente es una problemática universal”, manifestó.
Admite como natural que si se monta en Londres una obra de Shakespeare o de alguien de la propia tradición británica literaria es mucho más probable que se consiga buena audiencia, pero rechaza que eso signifique renunciar al montaje de obras extrañas.
“¡Las obras de otras culturas tienen que ser montadas!”, defiende, “y deberían de ser montadas por compañías de teatro mucho más grandes que la mía”.
“Hablando en general, no hay mucho entusiasmo o interés”, lamenta. “El público es muy buen lector, pero, yo debo decir, simplemente, que hay mucho más… Gabriel García Márquez es conocido, por supuesto, pero es un fenómeno aparte. Vargas Llosa… sí, un poco…”.
Graham-Young tradujo para la editorial Faber, el libro Three Plays, integrada por tres piezas teatrales de Vargas Llosa: Kathie y el hipopótamo, La Chunga y La señorita de Tacna. En estos días, las librerías del centro empiezan a exhibir entre sus “Novedades” la traducción de “El Paraíso en la otra esquina”.
En noviembre del año pasado, el director escocés montó en inglés “El Misterio del Ramo de Rosas”, de Manuel Puig, un escritor mejor conocido aquí por la película “El beso de la mujer araña”, aunque no por sus libros.
“Es dificil, estoy trabajando con escritores famosos, pero desconocidos en este país”, dice. “Y creo que es mucho más dificil ahora, porque hay menos espacio”.
El director presentó hace 15 años con un éxito enorme, en Notting Hill, la obra “Potestad”, del argentino Eduardo Pavlovsky. “Tuvimos una respuesta extraordinaria”, dice, “con mucha cobertura de los medios. Entonces era mucho más fácil contar con comentarios en la prensa nacional, en The Guardian, The Times, en todos los principales diarios británicos de importancia”.
“Actualmente hay un desarrollo deprimente, en el que la gente está más interesada en la reputación de la compañía y de quién actúa en la obra. Se logra más si tienes una estrella de televisión grande o un nombre grande de teatro. Sólo así consigues la atención de la prensa británica actual”.
Explica que la poca asistencia a la obra “El Tunel de la Obsesión” se debe en parte a que Croydon “se siente lejos” del centro de Londres, pero también a la disminución de la taquilla teatral en general.
“Pese al embate del internet, los ‘chat rooms’ y el cine, creo que siempre va haber audiencia para el teatro, aunque esté siendo cada vez más pequeña. El teatro es sobre el ser humano y es el ángulo que me interesa. No importa cuán pequeña sea la audiencia, el caso es que las obras de Tolstoi o de García Márquez, por ejemplo, apelan al sentido humano y rebasan las fronteras nacionales”.
“Quiero explorar la obra de Carlos Fuentes, a quien empiezo a leer. Y ¿otro mexicano? quizá Rulfo”, dice, aunque reconoce que no lo ha leído.
La traducción al inglés de “Pedro Páramo” (Rulfo) se halla en los anaqueles de la librería Waterstone’s, de Piccadilly, dos pequeños ejemplares de 122 páginas, pero ahí permanecen. El verano pasado, la librería lo colocó en la mesa de entrada al edificio, bajo el aviso de “Recomendaciones” y se vendieron algunos libros, pero fuera de ese raro instante, la obra es ignorada y se pierde al lado de títulos con clara resonancia inglesa, como “El dios de las pequeñas cosas”, de la escritora Arundhati Roy.
Ese es el nicho que Graham-Young labra para sí. A sus 57 años se considera un idealista y cree que es posible romper la coraza de una cultura tan autosuficiente como la inglesa.
“Voy de frustración en frustración”, concluye con una carcajada, “y siempre digo: ‘esto es lo último que hago’, pero al final, ya vez, siempre hay algo que me jala”.