Gladiadores de corbata en Londres

Cada noche, un puñado de los cientos de ejecutivos de traje y corbata que pueblan las calles del barrio financiero de Londres en lugar de irse a casa o sumarse a sus colegas en el pub, se dirigen, de uno en uno, a un pequeño gimnasio de la calle Tudor. Ahí, en pleno corazón de la City, bajando hacia el puente Blackfriars, se haya el centro de entrenamiento del Club de la Pelea.
O como ellos lo llaman “El Verdadero Club de la Pelea”, un espacio al margen del boxeo profesional y amateur inspirado en la película protagonizada por Brad Pitt y Edward Norton.
Sus miembros son hombres de negocios, o vicepresidentes de bancos, corredores de bolsa o de seguros, pero también celebridades del medio artístico inglés, abogados e incluso jueces. Es “boxeo de cuello blanco” y, como en la cinta de Hollywood, un espacio “gladiatorial”, masculino, liberador de estrés y frustraciones.
En el “gym” de Tudor la actividad es febril. Una incesante música de rock acompaña y da ritmo a cada movimiento del par de jóvenes que golpean sin descanso los costales, o de aquel que no para de golpear la perilla. Mientras un grupo de cuatro recibe instrucciones del entrenador, otros dos pugilistas se han trepado ya al minúsculo ring del club. Son las siete de la tarde y la clase de “sparring” ha empezado ya.
En el salón adjunto, más oscuro y con luz tenue de neón descansa ignorada una fila de bicicletas de estación. De este lado,Tim Coles, 38 años, recién arriba al recinto, mochila en mano.
Viene de su oficina, una correduría de seguros que lo emplea de siete de la mañana a siete de la noche. Apenas llega, abre su mochila y corre al vestidor a ponerse el short. Al volver se venda las manos y comienza a hacer ejecicios de estiramiento.
“Me gusta estar en forma”, dice. “Siempre he admirado a los boxeadores, el lado gladiatorio de este deporte. Es el único deporte realmente gladiatorial. Tú te subes al ring y peleas con alguien. Hay técnica y algunos movimientos de boxeo, pero al final eres tú contra alguien más, y eso es mucho más interesante que correr sobre una máquina”.
“Una vez que estás ahí”, dice apuntando con su cabeza hacia el ring, “no puedes parar, tienes que seguir o de otra manera el otro te va a golpear. Este es un buen deporte físico, que libera el estrés”.
Coles tiene una pelea en su haber. Y se le ha vuelto una fecha memorable. “¡El 2 de junio!”, exclama orgulloso. Y ganó. “¡Por supuesto!”.
La verdad es que en las reglas del club no hay perdedores. En las peleas oficiales, organizadas dentro de cenas de gala en hoteles de cinco estrellas, se juegan con la lógica de ganar siempre. Tres rounds de dos minutos, sin decisión. Aunque puede haber knout-outs, al final, ambos peleadores se llevan un trofeo.
“La gente tiene coche, dinero, etcétera, y luego gastan tres horas diarias casi arriesgando su vida al entrar al boxeo, se arriesgan a pasar humillaciones, todo. Es un ejercicio de superación de temores. Los ponemos en contacto con los medios, se vuelven famosos en sus oficinas.
Es enorme para un profesional, que siempre tiene clientes y colegas ahí. El entrenamiento es duro, por tres o seis meses. No puedes llamarlos perdedores, no es el espíritu del club”, explica Adrián King, Director Ejecutivo del club.
El Verdadero Club de la Pelea no es una organización clandestina, pero tampoco tiene el respaldo de la British Boxing Board of Control, el organismo que regula el box profesional y amateur en el Reino Unido. El boxeo de cuello blanco fue importado hace cuatro años de Estados Unidos y ha florecido en Londres, con el respaldo de la White Collar Boxing Association.
Cuenta en Inglaterra con 3800 miembros registrados. Actualmente 800 de ellos entrenan regularmente. Una tarea central del club es llevar el boxeo a donde los miembros viven o trabajan.
“Tenemos una red de entrenadores expertos que viajan a las casas de los miembros. Tenemos nuestro propio pequeño gimnasio en medio de la City, pero también diferentes lugares donde la gente puede ir a entrenar. No es un solo gimnasio, estamos esparcidos en una red amplia en el país”, señala King.
El acceso al gimnasio le cuesta a cada miembro 80 dólares por mes, un entrenamiento más personalizado cuesta 50 dólares la sesión. Pero eso es sólo para empezar. Los más entusiastas asisten tres veces a la semana al gimnasio y corren una vez por semana. El número de sesiones de práctica uno a uno depende de los presupuesto particulares y de cuán seriamente se involucren.
La vida del club gira en torno de las cenas de gala, donde amigos, colegas o patrocinadores pagan por entrar. Tales cenas son los puntos climáticos del Verdadero Club de la Pelea. Para esos encuentros entrenan, para estar en forma y vivir su “momento de gloria”.
La seguridad es proridad y las reglas de autocontrol son estrictas. El nivel de salvajismo que se ve en la cinta de David Fincher no existe aquí. Según Adrián King, el club quiere recobrar la caballerosidad que el boxeo tuvo en sus orígenes, aunque en las cenas de gala la adrenalina suba de nivel.
“Cuando estás ahí, frente a mil personas por primera vez, tú eres Mohamed Alí. Así que a volar con la seguridad, es lo que piensan los miembros al pelear frente a sus colegas y amigos. Están realizando el sueño de su infancia. ¿Quién no se ha imaginado pelear tres rounds y sentirse Mohamed Alí? Y ahí se les da, porque tenemos bastante gente. El hecho de tener tantos asistentes ayuda a crear seguridad.
“Tienes que recordar que esta gente no son boxeadores profesionales. Están peleando un día antes de tener una gran junta de negocios!”, afirma King.
Esto es una cena de gala en palabras de King: Hotel de cinco estrellas, grandes salones, cendeleros, mesas para 10, todos de corbata negra, un ring de box en el centro, cena, chicas. Normalmente son ocho peleas y en el intervalo se organizan subastas o rifas para organismos de beneficiencia. Según King, es posible recolectar bastante dinero, “porque la gente se entusiasma mucho”.
King es un hombre fornido, alto de estatura. Dejó su trabajo como banquero de inversiones de tiempo completo, para dedicarse de lleno al club. Su hablar es directo. Este singular club, dice, le brinda a sus miembros la oportunidad de recobrar su masculinidad.
“Esta gente está encadenada a un escritorio, comienzan a comer sólo sandwiches a la hora del lunch. Reemplazan todo el deporte que hacían cuando eran más jóvenes con la cerveza, si no, mira a estos compañeros… Todos los hombres en La City tiene panza.
“Estos dias estamos rodeados de productos. Hombres heterosexuales se visten como gays. Las mujeres están adquiriendo más poder en los espacios de trabajo. El Verdadero Club de la Pelea es una puerta fisica para sacar fuera nuestra masculinidad”, dice.
Al final, el Verdadero Club de la Pelea es un club de caballeros, sin el salvajismo de la película, con todas las precauciones del caso. Con doctores y ambulancias, por si se requiere, y con sus reglas de civilidad y auto-control tiene más que ver con Kevin Spacey en “American Beauty” que con Brad Pitt.
“Spacey actúa el papel de un hombre en sus cuarentas, con casa, niños, todo. Pero no era feliz en su vida, estaba aburrido. Nosotros le estamos dando a esta gente la oportunidad de ser peleadores en serio. No es una broma”, concluye.